viernes, 25 de junio de 2021

Entrevista a Emilio Carrillo para la revista "Tu Mismo" (diciembre 2015)

 

Entrevista a Emilio Carrillo para la revista "Tu Mismo" (diciembre 2015)

 

Se ofrece seguidamente el texto completo de la entrevista a Emilio Carrillo, titulada La muerte no existe, publicada en el número de diciembre de 2016 de la revista Tú Mismo:

 

http://tu-mismo.es/entrevistas/la-muerte-no-existe

 


-A la muerte se la niega, estigmatiza, es un tema tabú para la sociedad occidental. Y tú, Emilio, te animas a hablar de ella abiertamente.

 

-En la sociedad actual hay un intento de olvidar, ocultar, que la muerte es un hecho que está en la vida. Pero las personas fallecen, es algo que se produce a diario. Se han ido introduciendo costumbres, pautas sociales, que tienen precisamente ese objetivo: que la muerte pase inadvertida. Hoy ya no hay velatorios en las casas, las personas mueren en los hospitales, de la cama del hospital pasan al tanatorio, se intenta enterrar lo antes posible. Incluso existe una práctica bastante extendida de poner en los certificados médicos, si el deceso ocurre a las 5 de la tarde, que ha sido un par de horas antes para no esperar y realizar la inhumación al día siguiente. También se ha establecido que los niños no vayan al entierro de sus abuelos. Es mirar al otro lado. Lo único cierto en la vida, lo único que puedo asegurar sin ser adivino, es que se producirá un momento determinado en el que acontecerá eso llamado muerte.

 

-Lo primero que dices en tu libro es que “la muerte no es tal”. ¿Puedes explicar el porqué de esta afirmación?

 

 -Es sencillo. La muerte es una puerta que se abre para ir de una habitación a otra de la vida. De la habitación A, un plan físico y material, pasamos a la habitación B, un plano más inefable, no físico, no material, que también tiene sus leyes, no físicas pero sí naturales. La muerte es el denominado tránsito, para pasar a lo que se suele llamar coloquialmente plano de luz. En las charlas digo que somos Conductores encarnados en un coche para vivir la experiencia humana.  A ese Conductor le podemos dar muchos nombres, alma, energía, espíritu, amor, luz. Qué cada cual, en función de su corriente cultural y espiritual, lo denomine como quiera. El Conductor ha existido antes y lo hará después de estar aquí. Para vivenciar, necesitamos un vehículo, un instrumento que posibilite palpar esta experiencia. Es nuestro yo físico, mental y emocional, lo que nuestros sentidos corpóreo-mentales perciben de uno mismo y de otros. Cuando llega ese momento denominado muerte, ésta se produce sólo para el coche. Para el Conductor no. Y puede plantearse volver al plano humano con un coche nuevo, que se ajuste a las nuevas experiencias que quiera vivir. La muerte realmente es un imposible, un fantasma de la imaginación humana; no hay razón para que le tengamos miedo.

 

-¿Y cómo lo sabes?

 

-Dispongo de tres grandes fuentes, importantes. Para mí la más significativa es la meditación. Hace muchos años que hago prácticas de introspección, de meditación, y he conectado profundamente con lo que somos, con ese Conductor que inevitablemente, olvidemos o no, realmente somos. He recordado su existencia, que yo soy ese Conductor; me he ido desidentificando del coche y acercándome al recuerdo de lo que es y lo que somos. En ese recuerdo he conectado con lo que me gusta denominar la sabiduría innata, que tenemos todos, me ha mostrado cómo es ese otro plano, lo que se vive en la experiencia de tránsito, etcétera. Otra fuente, que entiendo como una bendición de la vida hacia mí, llega a través de un accidente, una caída en una montaña que me provocó consecuencias físicas. Yo viví el 29 de noviembre de 2010, entre las 4 y las 6 de la tarde, una experiencia cercana a la muerte (ECM) en la UCI de un hospital. Percibí claramente que salía de mi cuerpo, etcétera. La tercera fuente es que, a partir de esa experiencia, me interesaron las EMC. Así encontré que hay muchísimas personas y libros que describen lo mismo que yo viví. Lo que aquella tarde percibí no tiene nada que ver con una fantasía de mi mente: hay protocolos, pautas, que se repiten en todos esos otros casos y circunstancias.

 

-Aseguras que estamos en el momento justo de incorporar culturalmente la idea de la muerte, ¿por qué?

 

-Hay razones desde una perspectiva científica. La medicina ha avanzado extraordinariamente de mano de la tecnología, con nuevos descubrimientos, y está haciendo que algo que antes raramente sucedía, hoy acontezca con mucha frecuencia: personas en la última frontera vital son recuperadas y vuelven con ECM vividas. En su libro “Yo vi la luz”, un médico sevillano ya fallecido, Enrique Vila López, recopiló con su mujer, María de los Ángeles Garfia, 120 experiencias que describen lo mismo, con similares protocolos y pautas, personas de distintos lugares geográficos, de diferente edad y sexo. En paralelo, hay una razón consciencial: el convencimiento pleno de que la humanidad evoluciona en consciencia. A veces puede parecer que la humanidad no evoluciona por los problemas de siempre: guerras, violencia, miseria… Pero detrás de ese bosque hay una evolución y siento que esto nos está llevando al momento de, por fin, coger el toro por los cuernos. Es el momento en que la humanidad mire de cara a la muerte y la comprenda, ayudada por los avances científicos, y pierda -esta es  la clave- el miedo a la muerte.

 

-Precisamente, hablemos de plenitud ya que tú dices que no puede basarse en el miedo.

 

-La libertad es la ausencia de miedo. Una persona libre no tiene miedo, la libertad completa es la completa ausencia de miedo. Esto estaba en la comprensión de culturas muy antiguas. Los idiomas europeos como el castellano o el inglés, en sus raíces, proceden de unas ramas lingüísticas que se conocen como indoeuropeas, muchas originarias del Medio y Extremo Oriente. En esas lenguas indoeuropeas la palabra miedo se construía con un prefijo delante de la palabra libertad. Esto se ha perdido en el castellano en su evolución desde el latín, pero en inglés, por ejemplo, se ha mantenido: “free” es libre y “freedom” significa libertad; pero cuando se pone una “a” delante se construye la palabra “afraid”, es decir, “asustado”, “temeroso” (“to be afraid”: “tener miedo”). El miedo a la muerte está presente, por eso se mira hacia otro lado. Tener miedo a la muerte es tener miedo a la vida. Como si un francotirador te fuera a disparar en cualquier momento, piensas “¿cuándo me va a llegar?”, y te proteges y siempre andas con cuidado. Pero san Juan de la Cruz, desde su plenitud, dice “… dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado”. La gente se cuida mucho, se asegura, quiere controlar la vida, esto es un absurdo porque sabemos que la vida fluye. No puedes tener plenitud con miedo porque no hay libertad. Y al no haber libertad, no puede haber plenitud.

 

-Señalas que en la raíz del miedo hay “algo” llamado ego.

-Sigamos con el símil del coche y el Conductor. Cuando eres consciente de la divinidad, infinitud y eternidad de lo que eres, tomas el mando del coche. Pero lo que le sucede a muchos es que el Conductor está dormido, olvidado. El coche tiene un sistema operativo, la mente. Y ante la ausencia del Conductor consciente, la mente enciende un piloto automático, como pasa en los aviones. Así se sustituye el mando consciente del conductor por ese piloto automático que es creación de la mente, el ego. El ego es una creación que pertenece al mundo del coche. Y como todo lo que es el coche, morirá con total seguridad, tiene fecha de caducidad, y es lógico que tenga miedo a ese momento.

 

-En una ECM descubres que no hay errores en la vida terrenal, según tu experiencia. Si aceptamos esto, muchos sentimientos de culpa desaparecerían.

 

-Cuando yo salí aquel día de mi cuerpo visualicé todo lo que había sido mi vida. Comprendí con absoluta claridad que en ningún momento me había equivocado en nada, no había cometido error alguno del que arrepentirme o querer eliminar por un sentimiento de culpa, carga o lastre. Cada persona actúa en correspondencia con el estado de conciencia que tiene en cada instante. Además, te das cuenta de que no se trata de un tema de jerarquías, si se es más listo o más tonto, malo o bueno. No, allí rigen el amor y el respeto al libre albedrío. En mi caso, comprobé que aquellas cosas que había entendido como errores abrieron puertas a nuevas vivencias, a nuevas experiencias. Si alguien dice “yo creo que me equivoqué aquí y aquí, y me arrepiento y ojalá pudiera quitarlo de vida”, le comento que si realmente lo borrara de su vida, la perspectiva que tiene ahora la perdería, su estado de consciencia pasaría a ser otro. Por eso hay que respirar y vivir muy tranquilos.

 

-Te refieres a estados de conciencia y no de niveles. ¿No son lo mismo, confundimos los términos?

-Contemplemos la naturaleza. En la ella, según el dicho andaluz, “ca uno es ca uno”. A pesar de la mente, no hacemos niveles. Paseas por el campo, donde hay de todo, animales chicos y grandes, plantas muy pequeñitas y grandes árboles, el cielo y la montaña, el arroyo y el gran río… Cuando andas por allí no vas diciendo “fíjate, esto es mejor que esto” o “aquello es peor”. Entiendes que todo forma parte de un conjunto y cada cosa tiene su sitio. También en el cosmos y lo que nos rodea. Sin embargo, con qué facilidad en el ámbito humano nos pasamos la vida haciendo juicios, de nosotros mismos y de los demás. Al dejar de lado la mente, las jerarquías y los niveles desaparecen. Cada uno está en su estado de conciencia y proceso evolutivo y no hay más historias.

 

-Una buena pregunta que planteas es por qué no vivimos todo de un tirón, evitando las sucesivas encarnaciones.

 

-Hay una razón espiritual profunda. Esa ruptura entre las encarnaciones acelera el proceso consciencial. En el plano de luz tienes una percepción, una perspectiva amplia de las cosas, ahí se ofrece una ventaja que no posee una encarnación única, que es evaluar tus experiencias y decidir cuáles quieres vivir y volver a encarnar y comenzar un nueva vida en consonancia con ello.

 

-Comparto contigo la afirmación de que nadie viene a esta vida a sufrir.

 

-Y añadiría otra: sufre quien quiere. El sufrimiento es una elección y forma parte del proceso consciencial. Místicos como san Juan de la Cruz lo han llamado “la noche oscura”. El sufrimiento, la tristeza, la soledad, tienen su papel, pero ¡cuidado!: tú eres libre de decir “vale, el sufrimiento es una vía de evolución consciencial, pero yo voy a evolucionar desde el gozo, el placer de la vida misma”. La mente, además de ver todo torcido, funciona en el contraste, en los opuestos, y siempre tiende a ir hacia el lado negativo. En la cuestión de salud y enfermedad, las personas sanas no valoran la salud que tienen, los días pasan sin que haya un agradecimiento a ellas mismas y a la vida por poder disfrutarlos con fortaleza y energía. Pero llega una simple gripe y ya estás pensando en lo importante que es la salud; y cuando la recuperas, te olvidas de nuevo.

 

-Enfermamos por la mente…

 

-Sí, cuando te empeñas en vivir a través de la mente. El estado de conciencia evoluciona por las experiencias del día a día, no por los libros que leas o los vídeos que veas, que sólo sirven si hay interiorización propia y puesta en práctica. La mente no computa las experiencias de gozo, como la salud, pero sí las experiencias del sufrimiento, como la enfermedad. Es como si hubiera dos zumos: uno de naranja, dulce; y otro de limón, ácido. La mente no ve el de naranja, así la gente para evolucionar toma mucho zumo de limón. ¡Oye, déjalo, de lo contrario no te quejes! Valora la salud y evoluciona desde el gozo. Desde hace mucho tiempo evoluciono desde el gozo, de mi vida ha desparecido radicalmente el sufrimiento, se acabó. No me inquieto por nada.

 

-Por eso afirmas que la iluminación es vivir sin quejas. ¿No hay que ir a un Shangri-La? Es mucho más económico y simple el trámite.

 

-La iluminación consiste en darte cuenta de lo innecesario de la iluminación, porque ya lo estás. Estamos iluminados, es lo que somos; cosa distinta es que te aferres al coche, te olvides de lo que eres y te lances buscando la iluminación no sabemos dónde. Como ha dicho Krishnamurti, sé una luz para ti mismo. La iluminación es ser normal. Cuando una persona se quiere revestir de “circunstancias especiales”, esa persona no está iluminada. La iluminación no consiste en levitar, hacer milagros o cosas raras de telepatía, adivinación, recibir mensajes de vayas saber dónde. Eso no tiene nada que ver con la iluminación. La persona iluminada es normal, entendiendo como tal a quien lleva una vida sencilla, con una práctica cotidiana basada en esa simpleza, con mucha paz, en el aquí y ahora, compartiendo con los demás. Es verdad que en el lenguaje coloquial hemos terminado confundiendo lo que es frecuente con lo que es normal. Muchas cosas frecuentes no son normales sino profundamente anormales; y cosas normales son muy poco frecuentes.

La mayor plasmación práctica en la vida diaria de la iluminación es vivir sin quejas. Una persona iluminada ha comprendido que lo que ocurre en su vida y en la de los demás, en la Tierra, en el cosmos, todo tiene su sentido profundo. No existen las casualidades, todo está lleno de sincronías, en una permanente relación causa-efecto, y todo tiene su sitio. A partir de esa comprensión real que no da la mente, sino el corazón, que no es un acto de fe, desaparece la queja. Te enamoras de la vida, vives la vida como lo que es en su totalidad, no la divides en partes, no caes en la estupidez del ego de que “esto me gusta y aquello no”. ¿Tú quién eres para juzgar la vida? Intenta adquirir una perspectiva más amplia, comprueba que la vida entera es un milagro, en ella todo lo que acontece tiene ese porqué y para qué, un sentido profundo. Se confía en la vida, la confianza genera aceptación que no es resignación o impotencia, la aceptación que deriva de que tú confías en la vida. Esa confianza genera aceptación, ya no hay quejas.

 

-También recuerdas que el núcleo duro de la espiritualidad se resume en aquella frase de “conócete a ti mismo”. Para qué buscar más…

 

-Entre otros sitios, la frase estaba colocada en el pronaos del Templo de Apolo en Delfos, en la Grecia antigua, hace dos mil quinientos años. Allí la gente se conectaba con lo divino, el oráculo de los dioses. Y los sabios la pusieron para que la gente se enterara desde el principio: “Oye, conócete a ti mismo porque eso es la espiritualidad”. Expresado también a modo de símil, ¿sabes que pondrían hoy esos sabios?... “Recuerda que eres Conductor y coche, eso es conocerse a sí mismo”. Tienes un yo físico, mental y emocional y eres divino, infinito y eterno: un ser que procede de donde no hay tiempo y espacio, pero estás aquí viviendo una experiencia donde hay tiempo y espacio; y necesitas un vehículo, el cuerpo, la mente… Sin embargo, eres mucho más que eso.

 

-¿Quién decide la hora de hacer el tránsito?

 

-El coche no se estropea por casualidad, cuando llega al fin de sus días es porque lo decide el Conductor. Ha llegado el momento de transitar y a partir de ahí genera un accidente o una enfermedad para desencarnar. El Conductor lo decide cuando aquellas experiencias para las que había encarnado, las ha vivido. O también cuando viniste a vivir unas experiencias, pero por libre albedrío no las llevas a cabo y llega un momento en el que comprendes que ya no las vivirás, y entonces desencarnas.

 

-¿Y siempre aparecen señales que avisan?

 

-Podemos percibir la llegada de ese momento porque se dan mensajes. Yo lo viví en agosto de 2010, cuando tuve la claridad absoluta, al hacer meditación, de que en mi vida iba a ver un vuelco, ocurriría algo que yo asociaba con el fenómeno de la mal llamada muerte. Igualmente, he hablado de ello con personas que han vivido ECM´s. Y en muchos libros que recopilan estas experiencias se menciona. Por eso lo afirmo rotundamente: siempre, siempre, hay señales que te dicen que ha llegado el momento, que el desencarnar, el tránsito, está a la vuelta de la esquina. Sin embargo, vamos en el coche tan apegado a él, con tanta velocidad, viviendo en una sociedad que rinde culto a la velocidad, que esas señales las tenemos delante y no las vemos.

 

-Nos queda hablar de los enfermos terminales, la esquizofrenia, el alzhéimer, la bipolaridad, el karma… ¡del Gran Olvido! (risas).

 

-Sí que quedan cosas fuera, pero para ello está el libro.

 

-Lo más curioso es que esto se publica en un mes, diciembre, cuando termina el año. Alguien pensará “qué manera de terminarlo hablando de estas cosas”.

 

-Es que esa observación procede del miedo, pero estamos diciendo que la muerte no existe. ¡Qué mejor noticia para la humanidad en el arranque de 2016!

 

La muerte no existe: morirse a gusto

 


La muerte no existe: morirse a gusto

 

La muerte es un imposible

 

La muerte es un imposible, una fantasma -solo eso- de la imaginación humana. La Creación y el Cosmos son una colosal manifestación de Vida y Consciencia. También el ser humano, por lo que lo que auténticamente somos (vida) y sentimos que somos (consciencia, estado consciencial) trasciende rotunda e infinitamente lo que una vida física y la existencia durante unos pocos años, significan.

 

En este marco, lo que la Humanidad denomina muerte no es tal, sino el punto evolutivo y la fase de transición entre el fin de un ciclo vital (la vida física y la encarnación material que termina) y el inicio de otro ciclo vital (una nueva reencarnación en una nueva vida física). La evolución y los ciclos son consustanciales a la Creación. Nuestros ancestros se percataron de esto y lo condensaron en lo que “El Kybalion” denomina Principio de Ritmo. Y el Cosmos y la Naturaleza se renuevan y regeneran, fluyen y refluyen, mediante los cambios de ciclo.

 

De este modo, tener miedo a la muerte es tenerlo a la vida, pues no hay vida sin muerte, ni muerte sin vida. Y comprender la muerte es entender la vida. La muerte corporal es un apagado; y el nacimiento físico, un encendido. Por cada apagado hay un encendido y, así, se recrea y expande nuestra existencia en el plano humano a través de una prolongada cadena de vidas o reencarnaciones.

 

La mayoría de las tradiciones y corrientes espirituales de la Humanidad, nos enseñan que nuestra encarnación en este plano material no se plasma en una única vida física, sino en una cadena de vidas a través de múltiples  reencarnaciones. De hecho, la reencarnación es el sostén de la experiencia humana, que ni empieza ni concluye con la vida física actual.

 

Tomar consciencia de esto alivia el estrés -por llamarlo de algún modo- con el que algunas personas viven su espiritualidad, máxime cuando va unido a las nociones de culpa y pecado: lo que transforma la espiritualidad en una trampa mortal que nos impide vivir y disfrutar de la Creación y de nuestro auténtico ser, haciéndonos “manipulables” y “religioso-dependientes”.

 

Además, antes de cada reencarnación, es cada uno -nosotros mismos y sólo nosotros- quien elige “el yo y las circunstancias” que desea vivenciar y las experiencias que quiere desplegar en la nueva vida.

 

Conviene repetirlo: tener miedo a la muerte es tener miedo a la vida. Y para conocernos a nosotros mismos y vivir la vida hay que comprender y asumir la muerte. Por lo que discernir acerca de ésta y otear lo que representa, no es un juego mental, ni otra de nuestras muchas obsesiones intelectuales relacionadas con el futuro. Al contrario: resulta imprescindible para vivir el Aquí y Ahora, que es la vida misma; y para perderle el miedo, que es el medio para saborear el Aquí y Ahora como se merece y sacarle  a la vida todo su jugo.

 

No esconder la muerte

 

La sociedad occidental contemporánea contempla la muerte de forma muy distinta a la que se acaba de exponer. Es más, entre sus numerosas neurosis, destaca una francamente curiosa: el empeño en negar emocionalmente la muerte y procurar mantenerla oculta.

 

Cada vez más, se tiende a esconder la muerte. Parece como si fallecer fuera un desliz extemporáneo, una falta de educación o hasta una perversidad, algo que hay ocultar, sobre todo, a los niños, en lugar de acostumbrarlos a experienciar lo que el tránsito significa como primer paso para que no vivan con miedo a la muerte.

 

Pocas personas fallecen ya en su casa y casi no hay velatorios en el hogar. Inmediatamente producido el óbito, el cuerpo se envía desde hospital al tanatorio, para proceder, con la mayor rapidez posible, al enterramiento o a la incineración. Todo muy eficaz, pulcro, atildado y profiláctico, con protocolos     –incluidos los famosos “pésames”- tan impersonales como perfectamente pre-establecidos, tan automatizados como carentes de sentimientos. Si es preciso y para hacerle “un favor” a la familia, hasta se certifica médicamente una hora distinta a la que realmente ha acontecido el fallecimiento, al objeto de acelerar los trámites y recortar los tiempos de espera y el duelo.

 

El siguiente texto, Morirse a gusto, de Alejandro Rocamora -psiquiatra y miembro fundador del Teléfono de la Esperanza- es muy aclaratorio al respecto y, entre otras cosas, cita un libro muy aconsejable para quien quiera reflexionar sobre lo que se viene exponiendo: “Morir en la Ternura” (Ediciones San Pablo), de Cristiane Jomain.

 

Morirse a gusto

 

El hombre actual contempla la muerte como el fracaso de su dominio sobre las fuerzas de la naturaleza. El “hombre tecnificado” puede controlar y manipular casi todo, pero se encuentra indefenso ante el hecho innegable de la muerte. Así, la muerte y el morir no tienen cabida en las sociedades industrializadas, no afectan a los sistemas productivos. La muerte, la agonía y la senectud son consideradas como representación de la impotencia de la moderna tecnología biomédica.

 

Y esto es así porque una sociedad centrada en “valores” como el consumo, la producción y la eficacia, necesariamente debe repudiar todo lo que no sea: acción, rendimiento y vitalidad. La muerte, el hecho de morir, implica destrucción y negación de todos esos valores actuales y por esto, la muerte hoy, es un “anti-valor”.

 

Hasta mediados del siglo XX, el gran tabú del ser humano era el sexo; después fue la muerte, y actualmente nos atreveríamos a decir que es la situación posterior a la muerte en los supervivientes: el duelo.

 

En el mismo lenguaje reflejamos nuestro miedo a la muerte al utilizar sinónimos o equivalentes de la angustiosa realidad que supone el morir: “Ha fallecido”, “Ha pasado a mejor vida”, “Descanse en paz”, etc., son algunas de las frases que utilizamos en esos momentos. Incluso el duelo y la aflicción por la muerte de un familiar ya no son tan aceptados como en otras épocas.

 

Se ha cambiado la forma ideal de morir: antes se deseaba una forma consciente, lúcida y con un apoyo espiritual y sacramental; hoy se desea una muerte rápida y sin sufrimiento (¿Sufrió mucho?, ¿Se enteró?, son las preguntas más frecuentes en estas circunstancias).

 

Con frecuencia, cuando un enfermo terminal afirma: “Me voy a morir”, los familiares suelen contestar: “Todos tenemos que morir; nosotros también nos vamos a morir”. Pero esta respuesta no es sincera: pues el enfermo habla de “morirse” (se está muriendo) y el familiar se refiere a un proceso que dura toda la vida.

 

Freud (1915), en Consideraciones actuales sobre la guerra y la muerte, señala que “La única manera de hablar de la muerte es negándola”, aunque al final de ese mismo trabajo concluye: “Si quieres soportar la vida, prepárate para la muerte”. Desde que el hombre existe, se ha observado una actitud de ambivalencia, de deseo y de rechazo, de amor y de odio, hacia la muerte; no obstante, mientras el hombre primitivo encontró una salida en su animismo, al hombre actual, esa ambivalencia le lleva a la culpa y, consiguientemente, a la neurosis.

 

La negación emocional de la muerte puede tener diversos ropajes: desde la preocupación, la ansiedad y el temor -que son las más comunes-, hasta una hiperactividad (culto al trabajo), el narcisismo (culto a sí mismo) o la confianza ciega en la ciencia para evitar la muerte (culto a la técnica médica).

 

Es cierto que la muerte nos hace a todos iguales: tanto el Rey como el vagabundo deben enfrentarse a este hecho de vida en soledad. La muerte es la única vivencia que no podemos compartir. Pero también es cierto que este momento importante de la vida depende fundamentalmente de dos situaciones: ¿cómo se ha vivido?; y ¿cómo se siente ante el entorno? Es decir: morir en paz no se improvisa, sino que estará en función de cómo se ha desarrollado la vida: intereses, valores y sentimientos estarán ayudando o entorpeciendo el ‘bien morir’. Pero también de cómo se realice el momento de morirse (en casa, en el hospital, con sufrimiento, lúcido, etc.) favorecerá o entorpecerá una “muerte digna”.

 

Morirse a disgusto, según la autora de “Morir en la ternura”, Cristiane Jomain, se desarrollaría entre dos polos: la desgracia de morir en soledad y la desgracia de no tener un espacio de soledad necesario para vivir. El primer supuesto está amenazado en nuestra cultura, pues tendemos a negar la muerte de nuestro familiar en la falsa creencia de que no se dará cuenta; pero igual se siente solo al no poder compartir su miedo ante la muerte próxima. La segunda necesidad del moribundo es la de tener un espacio psicológico para poder elaborar la eminente pérdida de la vida y poder despedirse, sin trauma y también sin agobio. En este sentido, una excesiva presencia de los familiares y de los cuidadores dificultaría el proceso de “morirse a gusto”. Habría que añadir una tercera necesidad del moribundo: la ausencia de sufrimiento inútil, que lo único que consigue es prolongar una vida vegetal. Si se dan estas tres condiciones, entonces sí que podríamos decir que se produce una “muerte a gusto”.

 

 

 

🌟Emilio Carrillo | COMPILADO 🌟 Prácticas de Vida Consciente (2)






domingo, 20 de junio de 2021

ENCUENTRO CON EMILIO CARRILLO: SEPTIEMBRE “La práctica de la auténtica MEDITACIÓN SEGUNDA PARTE

“La práctica de la auténtica Meditación: Hábitos de vida, Aquí-ahora, Silencio, Atención, Concentración, Contemplación y Éxtasis o Samadhi y Auto-transformación” SEPTIEMBRE 2020. PARTE 2 Dossier: https://drive.google.com/file/d/1RCCp... PARTE 1 https://www.youtube.com/watch?v=KvtRj... Dossier: https://drive.google.com/file/d/1RCCp... RESUMEN DE CONTENIDOS: La meditación se ha convertido casi en una moda. Sin embargo, persiste un enorme desconocimiento sobre lo que significa y cómo llevarla a cabo. Esto explica que muchos limiten su práctica a un mero y superficial “sentirse bien”; o que, pasado un tiempo, abandonen su ejercicio con frustración e interpretando su incapacidad en clave de “yo no sirvo para esto”. Lo cierto es que la meditación es un proceso que arranca con el cambio de simples hábitos en nuestra vida diaria y puede culminar, tras el avance sucesivo por distintas etapas, en la experiencia de Éxtasis o Samadhi que provoca nuestra íntima auto-trasformación. En este Encuentro Mensual nos detendremos en los contenidos del referido proceso, facilitando que la verdadera meditación se plasme en nuestras vidas gracias a la comprensión e integración de sus diferentes etapas: 1º. Prácticas básicas preparatorias. 2º. Aquí-ahora. 3º. Silencio. 4º. Atención: básica y plena. 5º. Concentración (Dharana). 6º. Contemplación (Dhyana). 7º. Fusión con la realidad (Samadhi o Éxtasis). 8º. Auto-transformación y nueva practica de vida. Nuestra web: https://www.elrincondekiko.com/ Suscríbete: https://elrincondekiko.us12.list-mana... Síguenos: https://www.facebook.com/elrincondeki... https://www.instagram.com/el_rincon_d... Librería Online: https://www.elrincondekiko.com/bookshop

ENCUENTRO CON EMILIO CARRILLO: SEPTIEMBRE “La práctica de la auténtica MEDITACIÓN PRIMERA PARTE






“La práctica de la auténtica Meditación: Hábitos de vida, Aquí-ahora, Silencio, Atención, Concentración, Contemplación y Éxtasis o Samadhi y Auto-transformación” SEPTIEMBRE 2020. PARTE 1 Dossier: https://drive.google.com/file/d/1RCCp... PARTE 2 https://www.youtube.com/watch?v=5ZUhB... Dossier: https://drive.google.com/file/d/1RCCp... RESUMEN DE CONTENIDOS: La meditación se ha convertido casi en una moda. Sin embargo, persiste un enorme desconocimiento sobre lo que significa y cómo llevarla a cabo. Esto explica que muchos limiten su práctica a un mero y superficial “sentirse bien”; o que, pasado un tiempo, abandonen su ejercicio con frustración e interpretando su incapacidad en clave de “yo no sirvo para esto”. Lo cierto es que la meditación es un proceso que arranca con el cambio de simples hábitos en nuestra vida diaria y puede culminar, tras el avance sucesivo por distintas etapas, en la experiencia de Éxtasis o Samadhi que provoca nuestra íntima auto-trasformación. En este Encuentro Mensual nos detendremos en los contenidos del referido proceso, facilitando que la verdadera meditación se plasme en nuestras vidas gracias a la comprensión e integración de sus diferentes etapas: 1º. Prácticas básicas preparatorias. 2º. Aquí-ahora. 3º. Silencio. 4º. Atención: básica y plena. 5º. Concentración (Dharana). 6º. Contemplación (Dhyana). 7º. Fusión con la realidad (Samadhi o Éxtasis). 8º. Auto-transformación y nueva practica de vida. Nuestra web: https://www.elrincondekiko.com/

Encuentro mensual online con Emilio Carrillo (Abril) primera parte y segunda parte





¿Qué es el “corte” y el final de los tiempos explicados por Jesús de Nazaret? ¿Qué señales los anuncian? ¿Qué supondrán para la humanidad?” Emilio Carrillo tras una brillante carrera como economista, en la docencia universitaria como profesor de diversas universidades españolas y extranjeras y en la política como Vicealcalde de la Ciudad de Sevilla, entre otras distinguidas posiciones, experimentó una profunda transformación en su interior y en su vida a raíz de una “experiencia cercana a la muerte” que le guiaron hacia una existencia más REAL, espiritual y en la profunda comprensión del ser humano como ser Interdimensional, Inmortal y Divino. Dossier: https://drive.google.com/file/d/15MUj... Nuestra web: https://www.elrincondekiko.com/emilio... Suscríbete: https://elrincondekiko.us12.list-mana... Síguenos: https://www.facebook.com/elrincondeki... https://www.instagram.com/el_rincon_d... Librería Online: https://www.elrincondekiko.com/bookshop

Encuentro mensual de Abril, parte 2 "El final de los tiempos"

“¿Qué es el “corte” y el final de los tiempos explicados por Jesús de Nazaret? ¿Qué señales los anuncian? ¿Qué supondrán para la humanidad?” Emilio Carrillo tras una brillante carrera como economista, en la docencia universitaria como profesor de diversas universidades españolas y extranjeras y en la política como Vicealcalde de la Ciudad de Sevilla, entre otras distinguidas posiciones, experimentó una profunda transformación en su interior y en su vida a raíz de una “experiencia cercana a la muerte” que le guiaron hacia una existencia más REAL, espiritual y en la profunda comprensión del ser humano como ser Interdimensional, Inmortal y Divino. Dossier: https://drive.google.com/file/d/15MUj... Nuestra web: https://www.elrincondekiko.com/emilio... Suscríbete: https://elrincondekiko.us12.list-mana... Síguenos: https://www.facebook.com/elrincondeki... https://www.instagram.com/el_rincon_d... Librería Online: https://www.elrincondekiko.com/bookshop