Entrevista a Emilio Carrillo para la revista "Tu Mismo" (diciembre 2015)
Se ofrece seguidamente el texto completo de la
entrevista a Emilio
Carrillo, titulada La muerte no existe, publicada en el número de diciembre de 2016 de la revista Tú Mismo:
http://tu-mismo.es/entrevistas/la-muerte-no-existe
-A la muerte se la niega, estigmatiza, es un tema tabú para la
sociedad occidental. Y tú, Emilio, te animas a hablar de ella abiertamente.
-En la sociedad actual hay un intento de olvidar, ocultar, que la
muerte es un hecho que está en la vida. Pero las personas fallecen, es algo que
se produce a diario. Se han ido introduciendo costumbres, pautas sociales, que
tienen precisamente ese objetivo: que la muerte pase inadvertida. Hoy ya no hay
velatorios en las casas, las personas mueren en los hospitales, de la cama del
hospital pasan al tanatorio, se intenta enterrar lo antes posible. Incluso
existe una práctica bastante extendida de poner en los certificados médicos, si
el deceso ocurre a las 5 de la tarde, que ha sido un par de horas antes para no
esperar y realizar la inhumación al día siguiente. También se ha establecido
que los niños no vayan al entierro de sus abuelos. Es mirar al otro lado. Lo
único cierto en la vida, lo único que puedo asegurar sin ser adivino, es que se
producirá un momento determinado en el que acontecerá eso llamado muerte.
-Lo primero que dices en tu libro es que “la muerte no es tal”.
¿Puedes explicar el porqué de esta afirmación?
-Es sencillo. La muerte es una puerta que se abre para ir de
una habitación a otra de la vida. De la habitación A, un plan físico y
material, pasamos a la habitación B, un plano más inefable, no físico, no
material, que también tiene sus leyes, no físicas pero sí naturales. La muerte
es el denominado tránsito, para pasar a lo que se suele llamar coloquialmente
plano de luz. En las charlas digo que somos Conductores encarnados en un coche
para vivir la experiencia humana. A ese Conductor le podemos dar muchos
nombres, alma, energía, espíritu, amor, luz. Qué cada cual, en función de su
corriente cultural y espiritual, lo denomine como quiera. El Conductor ha
existido antes y lo hará después de estar aquí. Para vivenciar, necesitamos un
vehículo, un instrumento que posibilite palpar esta experiencia. Es nuestro yo
físico, mental y emocional, lo que nuestros sentidos corpóreo-mentales perciben
de uno mismo y de otros. Cuando llega ese momento denominado muerte, ésta se
produce sólo para el coche. Para el Conductor no. Y puede plantearse volver al
plano humano con un coche nuevo, que se ajuste a las nuevas experiencias que
quiera vivir. La muerte realmente es un imposible, un fantasma de la
imaginación humana; no hay razón para que le tengamos miedo.
-¿Y cómo lo sabes?
-Dispongo de tres grandes fuentes, importantes. Para mí la más
significativa es la meditación. Hace muchos años que hago prácticas de
introspección, de meditación, y he conectado profundamente con lo que somos,
con ese Conductor que inevitablemente, olvidemos o no, realmente somos. He
recordado su existencia, que yo soy ese Conductor; me he ido desidentificando
del coche y acercándome al recuerdo de lo que es y lo que somos. En ese
recuerdo he conectado con lo que me gusta denominar la sabiduría innata, que
tenemos todos, me ha mostrado cómo es ese otro plano, lo que se vive en la
experiencia de tránsito, etcétera. Otra fuente, que entiendo como una bendición
de la vida hacia mí, llega a través de un accidente, una caída en una montaña
que me provocó consecuencias físicas. Yo viví el 29 de noviembre de 2010, entre
las 4 y las 6 de la tarde, una experiencia cercana a la muerte (ECM) en la UCI
de un hospital. Percibí claramente que salía de mi cuerpo, etcétera. La tercera
fuente es que, a partir de esa experiencia, me interesaron las EMC. Así encontré
que hay muchísimas personas y libros que describen lo mismo que yo viví. Lo que
aquella tarde percibí no tiene nada que ver con una fantasía de mi mente: hay
protocolos, pautas, que se repiten en todos esos otros casos y circunstancias.
-Aseguras que estamos en el momento justo de incorporar
culturalmente la idea de la muerte, ¿por qué?
-Hay razones desde una perspectiva científica. La medicina ha
avanzado extraordinariamente de mano de la tecnología, con nuevos
descubrimientos, y está haciendo que algo que antes raramente sucedía, hoy
acontezca con mucha frecuencia: personas en la última frontera vital son
recuperadas y vuelven con ECM vividas. En su libro “Yo vi la luz”, un médico
sevillano ya fallecido, Enrique Vila López, recopiló con su mujer, María de los
Ángeles Garfia, 120 experiencias que describen lo mismo, con similares
protocolos y pautas, personas de distintos lugares geográficos, de diferente
edad y sexo. En paralelo, hay una razón consciencial: el convencimiento pleno
de que la humanidad evoluciona en consciencia. A veces puede parecer que la
humanidad no evoluciona por los problemas de siempre: guerras, violencia,
miseria… Pero detrás de ese bosque hay una evolución y siento que esto nos está
llevando al momento de, por fin, coger el toro por los cuernos. Es el momento
en que la humanidad mire de cara a la muerte y la comprenda, ayudada por los
avances científicos, y pierda -esta es la clave- el miedo a la muerte.
-Precisamente, hablemos de plenitud ya que tú dices que no puede
basarse en el miedo.
-La libertad es la ausencia de miedo. Una persona libre no tiene
miedo, la libertad completa es la completa ausencia de miedo. Esto estaba en la
comprensión de culturas muy antiguas. Los idiomas europeos como el castellano o
el inglés, en sus raíces, proceden de unas ramas lingüísticas que se conocen
como indoeuropeas, muchas originarias del Medio y Extremo Oriente. En esas
lenguas indoeuropeas la palabra miedo se construía con un prefijo delante de la
palabra libertad. Esto se ha perdido en el castellano en su evolución desde el
latín, pero en inglés, por ejemplo, se ha mantenido: “free” es libre y
“freedom” significa libertad; pero cuando se pone una “a” delante se construye
la palabra “afraid”, es decir, “asustado”, “temeroso” (“to be afraid”: “tener
miedo”). El miedo a la muerte está presente, por eso se mira hacia otro lado.
Tener miedo a la muerte es tener miedo a la vida. Como si un francotirador te
fuera a disparar en cualquier momento, piensas “¿cuándo me va a llegar?”, y te
proteges y siempre andas con cuidado. Pero san Juan de la Cruz, desde su
plenitud, dice “… dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado”. La gente se
cuida mucho, se asegura, quiere controlar la vida, esto es un absurdo porque
sabemos que la vida fluye. No puedes tener plenitud con miedo porque no hay
libertad. Y al no haber libertad, no puede haber plenitud.
-Señalas que en la raíz del miedo hay “algo” llamado ego.
-Sigamos con el símil del coche y el Conductor. Cuando eres
consciente de la divinidad, infinitud y eternidad de lo que eres, tomas el
mando del coche. Pero lo que le sucede a muchos es que el Conductor está
dormido, olvidado. El coche tiene un sistema operativo, la mente. Y ante la
ausencia del Conductor consciente, la mente enciende un piloto automático, como
pasa en los aviones. Así se sustituye el mando consciente del conductor por ese
piloto automático que es creación de la mente, el ego. El ego es una creación
que pertenece al mundo del coche. Y como todo lo que es el coche, morirá con
total seguridad, tiene fecha de caducidad, y es lógico que tenga miedo a ese
momento.
-En una ECM descubres que no hay errores en la vida terrenal,
según tu experiencia. Si aceptamos esto, muchos sentimientos de culpa
desaparecerían.
-Cuando yo salí aquel día de mi cuerpo visualicé todo lo que había
sido mi vida. Comprendí con absoluta claridad que en ningún momento me había
equivocado en nada, no había cometido error alguno del que arrepentirme o
querer eliminar por un sentimiento de culpa, carga o lastre. Cada persona actúa
en correspondencia con el estado de conciencia que tiene en cada instante.
Además, te das cuenta de que no se trata de un tema de jerarquías, si se es más
listo o más tonto, malo o bueno. No, allí rigen el amor y el respeto al libre
albedrío. En mi caso, comprobé que aquellas cosas que había entendido como
errores abrieron puertas a nuevas vivencias, a nuevas experiencias. Si alguien
dice “yo creo que me equivoqué aquí y aquí, y me arrepiento y ojalá pudiera
quitarlo de vida”, le comento que si realmente lo borrara de su vida, la
perspectiva que tiene ahora la perdería, su estado de consciencia pasaría a ser
otro. Por eso hay que respirar y vivir muy tranquilos.
-Te refieres a estados de conciencia y no de niveles. ¿No son lo
mismo, confundimos los términos?
-Contemplemos la naturaleza. En la ella, según el dicho andaluz,
“ca uno es ca uno”. A pesar de la mente, no hacemos niveles. Paseas por el
campo, donde hay de todo, animales chicos y grandes, plantas muy pequeñitas y
grandes árboles, el cielo y la montaña, el arroyo y el gran río… Cuando andas
por allí no vas diciendo “fíjate, esto es mejor que esto” o “aquello es peor”.
Entiendes que todo forma parte de un conjunto y cada cosa tiene su sitio.
También en el cosmos y lo que nos rodea. Sin embargo, con qué facilidad en el
ámbito humano nos pasamos la vida haciendo juicios, de nosotros mismos y de los
demás. Al dejar de lado la mente, las jerarquías y los niveles desaparecen.
Cada uno está en su estado de conciencia y proceso evolutivo y no hay más
historias.
-Una buena pregunta que planteas es por qué no vivimos todo de un
tirón, evitando las sucesivas encarnaciones.
-Hay una razón espiritual profunda. Esa ruptura entre las
encarnaciones acelera el proceso consciencial. En el plano de luz tienes una
percepción, una perspectiva amplia de las cosas, ahí se ofrece una ventaja que
no posee una encarnación única, que es evaluar tus experiencias y decidir
cuáles quieres vivir y volver a encarnar y comenzar un nueva vida en
consonancia con ello.
-Comparto contigo la afirmación de que nadie viene a esta vida a
sufrir.
-Y añadiría otra: sufre quien quiere. El sufrimiento es una
elección y forma parte del proceso consciencial. Místicos como san Juan de la
Cruz lo han llamado “la noche oscura”. El sufrimiento, la tristeza, la soledad,
tienen su papel, pero ¡cuidado!: tú eres libre de decir “vale, el sufrimiento
es una vía de evolución consciencial, pero yo voy a evolucionar desde el gozo,
el placer de la vida misma”. La mente, además de ver todo torcido, funciona en
el contraste, en los opuestos, y siempre tiende a ir hacia el lado negativo. En
la cuestión de salud y enfermedad, las personas sanas no valoran la salud que
tienen, los días pasan sin que haya un agradecimiento a ellas mismas y a la
vida por poder disfrutarlos con fortaleza y energía. Pero llega una simple
gripe y ya estás pensando en lo importante que es la salud; y cuando la
recuperas, te olvidas de nuevo.
-Enfermamos por la mente…
-Sí, cuando te empeñas en vivir a través de la mente. El estado de
conciencia evoluciona por las experiencias del día a día, no por los libros que
leas o los vídeos que veas, que sólo sirven si hay interiorización propia y
puesta en práctica. La mente no computa las experiencias de gozo, como la salud,
pero sí las experiencias del sufrimiento, como la enfermedad. Es como si
hubiera dos zumos: uno de naranja, dulce; y otro de limón, ácido. La mente no
ve el de naranja, así la gente para evolucionar toma mucho zumo de limón. ¡Oye,
déjalo, de lo contrario no te quejes! Valora la salud y evoluciona desde el
gozo. Desde hace mucho tiempo evoluciono desde el gozo, de mi vida ha
desparecido radicalmente el sufrimiento, se acabó. No me inquieto por nada.
-Por eso afirmas que la iluminación es vivir sin quejas. ¿No hay
que ir a un Shangri-La? Es mucho más económico y simple el trámite.
-La iluminación consiste en darte cuenta de lo innecesario de la
iluminación, porque ya lo estás. Estamos iluminados, es lo que somos; cosa
distinta es que te aferres al coche, te olvides de lo que eres y te lances
buscando la iluminación no sabemos dónde. Como ha dicho Krishnamurti, sé una
luz para ti mismo. La iluminación es ser normal. Cuando una persona se quiere
revestir de “circunstancias especiales”, esa persona no está iluminada. La
iluminación no consiste en levitar, hacer milagros o cosas raras de telepatía,
adivinación, recibir mensajes de vayas saber dónde. Eso no tiene nada que ver
con la iluminación. La persona iluminada es normal, entendiendo como tal a quien
lleva una vida sencilla, con una práctica cotidiana basada en esa simpleza, con
mucha paz, en el aquí y ahora, compartiendo con los demás. Es verdad que en el
lenguaje coloquial hemos terminado confundiendo lo que es frecuente con lo que
es normal. Muchas cosas frecuentes no son normales sino profundamente
anormales; y cosas normales son muy poco frecuentes.
La mayor plasmación práctica en la vida diaria de la iluminación es
vivir sin quejas. Una persona iluminada ha comprendido que lo que ocurre en su
vida y en la de los demás, en la Tierra, en el cosmos, todo tiene su sentido
profundo. No existen las casualidades, todo está lleno de sincronías, en una
permanente relación causa-efecto, y todo tiene su sitio. A partir de esa
comprensión real que no da la mente, sino el corazón, que no es un acto de fe,
desaparece la queja. Te enamoras de la vida, vives la vida como lo que es en su
totalidad, no la divides en partes, no caes en la estupidez del ego de que
“esto me gusta y aquello no”. ¿Tú quién eres para juzgar la vida? Intenta
adquirir una perspectiva más amplia, comprueba que la vida entera es un
milagro, en ella todo lo que acontece tiene ese porqué y para qué, un sentido
profundo. Se confía en la vida, la confianza genera aceptación que no es
resignación o impotencia, la aceptación que deriva de que tú confías en la
vida. Esa confianza genera aceptación, ya no hay quejas.
-También recuerdas que el núcleo duro de la espiritualidad se
resume en aquella frase de “conócete a ti mismo”. Para qué buscar más…
-Entre otros sitios, la frase estaba colocada en el pronaos del
Templo de Apolo en Delfos, en la Grecia antigua, hace dos mil quinientos años.
Allí la gente se conectaba con lo divino, el oráculo de los dioses. Y los
sabios la pusieron para que la gente se enterara desde el principio: “Oye,
conócete a ti mismo porque eso es la espiritualidad”. Expresado también a modo
de símil, ¿sabes que pondrían hoy esos sabios?... “Recuerda que eres Conductor
y coche, eso es conocerse a sí mismo”. Tienes un yo físico, mental y emocional
y eres divino, infinito y eterno: un ser que procede de donde no hay tiempo y
espacio, pero estás aquí viviendo una experiencia donde hay tiempo y espacio; y
necesitas un vehículo, el cuerpo, la mente… Sin embargo, eres mucho más que eso.
-¿Quién decide la hora de hacer el tránsito?
-El coche no se estropea por casualidad, cuando llega al fin de sus
días es porque lo decide el Conductor. Ha llegado el momento de transitar y a
partir de ahí genera un accidente o una enfermedad para desencarnar. El
Conductor lo decide cuando aquellas experiencias para las que había encarnado,
las ha vivido. O también cuando viniste a vivir unas experiencias, pero por
libre albedrío no las llevas a cabo y llega un momento en el que comprendes que
ya no las vivirás, y entonces desencarnas.
-¿Y siempre aparecen señales que avisan?
-Podemos percibir la llegada de ese momento porque se dan mensajes.
Yo lo viví en agosto de 2010, cuando tuve la claridad absoluta, al hacer
meditación, de que en mi vida iba a ver un vuelco, ocurriría algo que yo
asociaba con el fenómeno de la mal llamada muerte. Igualmente, he hablado de
ello con personas que han vivido ECM´s. Y en muchos libros que recopilan estas
experiencias se menciona. Por eso lo afirmo rotundamente: siempre, siempre, hay
señales que te dicen que ha llegado el momento, que el desencarnar, el
tránsito, está a la vuelta de la esquina. Sin embargo, vamos en el coche tan
apegado a él, con tanta velocidad, viviendo en una sociedad que rinde culto a
la velocidad, que esas señales las tenemos delante y no las vemos.
-Nos queda hablar de los enfermos terminales, la esquizofrenia, el
alzhéimer, la bipolaridad, el karma… ¡del Gran Olvido! (risas).
-Sí que quedan cosas fuera, pero para ello está el libro.
-Lo más curioso es que esto se publica en un mes, diciembre,
cuando termina el año. Alguien pensará “qué manera de terminarlo hablando de
estas cosas”.
-Es que esa observación procede del miedo, pero estamos diciendo
que la muerte no existe. ¡Qué mejor noticia para la humanidad en el arranque de
2016!
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